Cuando para poner en un aprieto a Sócrates Parménides le pregunta si admite que existen “formas” de las cosas “que podrían parecer más bien ridículas, un cabello, el barro, la mugre o cualquier objeto sin valor ni importancia”, Sócrates responde que no puede decidirse a hacerlo por temor a caer en un “abismo de necedad”. Y es que, le dice Parménides, él es joven y nuevo en filosofía y aún se preocupa por la opinión de los hombres: un día la filosofía se apoderará de él y le hará ver la vanidad de esos desdenes en los que no participa la lógica (Parménides, 130 de).
La filosofía de los profesores de filosofía apenas ha retenido la lección de Parménides y hay pocas tradiciones en las que esté más marcad la distinción entre los objetos nobles y los objetos innobles, o entre las maneras innobles y las maneras nobles –es decir, altamente “teóricas” y, por lo tanto, “desrealizadas”, neutralizadas, eufemizadas- de tratarlas. Pero las mismas disciplinas científicas no ignoran los efectos de estas disposiciones jerárquicas que desvían géneros, objetos, métodos, o teorías menos prestigiosas en un momento dado del tiempo: y se ha podido demostrar que algunas revoluciones científicas eran producto de la importación a dominios socialmente desvalorizados de disposiciones vigentes en los dominios más consagrados.
La jerarquía de los objetos legítimos, legitimables o indignos es una de las mediaciones a través de las cuales se impone la censura específica de una campo determinado que, en el caso de una campo cuya independencia respecto a las demandas de la clase dominante está mal afirmada, quizá ella misma la esconda con una censura propiamente política. La definición dominante de las cosas que es bueno decir y de los temas dignos de interés es uno de los mecanismos ideológicos que hacen que cosas que es tan bueno decir no sean dichas y que temas no menos dignos de interés no interesen a nadie o sólo se puedan tratar de manera vergonzosa o viciosa.
(…)
Habría que analizar la forma que adopta la división, que se da por hecho, en dominios nobles o vulgares, serios o fútiles, interesantes o triviales, dentro de diferentes campos en diferentes momentos. Sin duda se descubrirá ahí que el campo de los posibles objetos de investigación siempre tiende a organizarse según el grado de prestigio dentro de los límites de la definición legítima. La oposición entre lo prestigioso y lo oscuro que puede concernir a dominios, géneros, objetos, maneras (más o menos “teóricas” o “empíricas” según las taxonomías reinantes) es producto de la aplicación de los criterios dominantes que determina unos grados de excelencia en el interior del universo de las prácticas legítimas; la oposición entre los objetos (o los dominios, etc.) ortodoxos y los objetos que aspiran a la consagración y que pueden ser considerados vanguardistas o heréticos, según nos situemos de parte de los defensores de la jerarquía establecida o de parte de quienes tratan de imponer una nueva definición de los objetos legítimos, manifiesta la polarización que se establece en cualquier campo entre instituciones o agentes que ocupan posiciones opuestas en la estructura de la distribución del capital específico.
Enero de 1975
Pierre Bourdieu, Intervenciones(ciencia social y acción política), pág 153
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