98. Legado._El pensamiento dialéctico es el ensayo de romper el carácter impositivo de la lógica con los medios de ésta. Pero al tener que servirse de esos medios, a cada momento corre el peligro de sucumbir él mismo a ese carácter impositivo: la astucia de la razón es capaz de imponerse aun a la propia dialéctica. Lo existente no puede superarse más que por medio de lo general obtenido de lo existente mismo. Lo general triunfa sobre lo existente por obra de su propio concepto, y es por eso que en tal triunfo el poder de lo meramente existente amenaza siempre con renacer de la misma violencia que lo quebró. En el absolutismo de la negación, el movimiento del pensamiento, así como el de la historia, es llevado conforme al esquema de la antítesis inmanente de una manera unívoca, excluyente y con una positividad inexorable. Todo queda subsumido bajo las fases económicas esenciales, históricamente determinantes en la sociedad entera, y su despliegue: el pensamiento en su totalidad tiene algo de lo que los artistas parisienes llaman le genre chef-d’oeuvre. Que el infortunio es un efecto de la estringencia de tal despliegue y que ésta se halla en directa conexión con el dominio, es algo que en la teoría crítica al menos no viene explícito, siendo una teoría que, como la tradicional, también espera la salvación a través de un proceso escalonado. La estringencia y la totalidad, los ideales, propios del pensamiento burgués, de necesidad y generalidad reproducen, en efecto, la fórmula de la historia, mas por ello mismo la constitución de la sociedad se condensa en los fijos y grandiosos conceptos contra los que se dirigen la crítica y la praxis dialécticas. Cuando W. Benjamin hablaba de que hasta ahora la historia ha sido escrita desde el punto de vista del vencedor que era preciso escribirla desde el del vencido, debió añadir que el conocimiento tiene sin duda que reproducir la desdichada linealidad de la sucesión de victoria y derrota, pero al mismo tiempo debe volverse hacia lo que en esta dinámica no ha intervenido, quedando al borde del camino –por así decirlo, los materiales de desecho y los puntos ciegos que se escapan a la dialéctica. Es constitutivo de la esencia del vencido parecer inesencial, desplazado y grotesco en su impotencia. Lo que trasciende a la sociedad dominante no es sólo la potencialidad que ésta desarrolla, sino también y en la misma medida lo que no encaja del todo en las leyes del movimiento histórico. La teoría se ve así remitida a lo atravesado, a lo opaco, a lo inaprensible, que como tal sin duda tiene en sí algo de anacrónico, pero que no se queda en lo anticuado, porque ha podido darle un chasco a la dinámica histórica. Esto se ve mucho antes en el arte. Libros infantiles como Alice in Wonderland o Struwwelpeter, ante los que la pregunta por el progreso o la reacción sería ridícula, contiene cifras de la historia incomparablemente más sugestivas que el gran teatro montado por Hebbel con la temática oficial de la culpa trágica, el cambio de los tiempos, el curso del mundo y el individuo, y en las fastidiosas e insulsas obras para piano de Satie traslucen experiencias que la continuación de la escuela de Schönberg, detrás de la cual está todo el pathos de la evolución musical, no puede ni soñar. La grandiosidad de las convulsiones puede tomar cuando menos se piensa el carácter de lo provinciano. Los escritos de Bejamin son un ensayo de hacer filosóficamente fecundo mediante enfoques siempre nuevos lo no determinado por las grandes intenciones. Su legado consiste en la tarea de no dejar que dicho ensayo se quede únicamente en extraños acertijos del pensamiento y revelar mediante el concepto lo carente de intención: en la invitación a pensar de forma a la vez dialéctica y no dialéctica.
Theodor W. Adorno, Minima moralia, 150
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así estudias tu
ResponderSuprimirfatal si, lo que nunca toca.
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