lunes, 15 de marzo de 2010

Internacional Situacionista: Crítica del urbanismo

Los situacionistas han dicho siempre que “el urbanismo unitario no es una doctrina urbanística sino una crítica del urbanismo” (International Situationniste 3). El proyecto de un urbanismo más moderno, más progresista, concebido como una corrección de la especialización urbanística actual es tan falso como por ejemplo, en el proyecto revolucionario, esa sobrestimación del momento de la toma del poder, que es una idea propia de un especialista, que implica inmediatamente el olvido, hasta la represión, de todas las tareas revolucionarias que son planteadas en todo momento, por el conjunto de las actividades humanas inseparables. Antes de su fusión con una praxis revolucionaria generalizada, el urbanismo es forzosamente el enemigo de todas las posibilidades de la vida urbana de nuestra época. Es uno de los fragmentos de la potencia social que pretenden representar una totalidad coherente, y tienden a imponerse como explicación y organización totales, no haciendo de esta manera más que enmascarar la totalidad social real que los ha producido y que ellos representan.

Si se acepta esta especialización del urbanismo, se entra a la vez al servicio de la mentira urbanística y social existente, del Estado, para realizar uno de los múltiples urbanismos “prácticos” posible, pero el único urbanismo práctico para nosotros, el que hemos llamado urbanismo unitario, es abandonado, puesto que exige la creación de condiciones de vida completamente diferentes.



Desde el presente, la crisis del urbanismo es concretamente una crisis social y política, incluso si actualmente, ninguna fuerza surgida de la política tradicional es capaz de intervenir en ella. Las banalidades medicosociológicas sobre la “patología de las grandes aglomeraciones”, el aislamiento efectivo de la gente que debe vivir en ellas, o el desarrollo de ciertas reacciones extremas de repulsa, en la juventud principalmente, traducen simplemente ese hecho de que el capitalismo moderno, la sociedad burocrática del consumo, comienza a modelar un poco, por todas partes, su propio ornato. Esta sociedad construye, con las nuevas ciudades, el terreno que la representa exactamente, que reúne las condiciones más adecuadas a su buen funcionamiento; al mismo tiempo que traduce en el espacio, en el lenguaje claro de la organización de la vida cotidiana, su principio fundamental de alienación y de coacción. Por tanto, es igualmente ahí en donde van a manifestarse con más nitidez los nuevos aspectos de la crisis.


El grado de condicionamiento ejercido sobre los trabajadores de un suburbio como Sarcelles, o más claramente todavía en una ciudad como Mourenx (fundada en el monoempleo de su población en el complejo petroquímico de Lacq) refiguran las condiciones a partir de la cuales, en todas partes, el movimiento revolucionario tendrá que luchar si sabe reconstituirse al nivel de las verdaderas crisis, de las verdaderas reivindicaciones de nuestro tiempo. En Brasilia, la arquitectura funcional revela que es, en su pleno desarrollo, la arquitectura de los funcionarios, el instrumento y el microcosmos de la Weltanschauung burocrática. Se puede constatar ya, que allí donde el capitalismo burocrático y planificador ha construido su decorado, el condicionamiento está tan perfeccionado, el margen de elección de los individuos reducido a tan poco, que una práctica tan esencial para él como la publicidad, que ha correspondido a un estado más anárquico de la concurrencia, tiende a desaparece bajo la mayor parte de sus formas y soportes. Se puede estimar que le urbanismo es capaz de fundir todas las antiguas publicidades en la sola publicidad del urbanismo. El resto se obtendrá fuera de lo convenido. Es igualmente probable que, en estas condiciones, la propaganda política que ha sido tan fuerte en la primera mitad del siglo XX desaparecerá casi totalmente, y será reemplazada por un reflejo de repulsión con respecto a toda la cuestión política. Lo mismo que el movimiento revolucionario deberá desplazar el problema muy lejos de donde se hallaba el antiguo campo político despreciado por todo el mundo, el poder establecido contará más con la simple organización del espectáculo de objetos de consumo, que no tendrán valor consumible más que ilusoriamente, en la medida en que hayan sido primero objetos del espectáculo. En Sarcelles o Mourenx, las salas del espectáculo de este mundo nuevo ya están siendo ensayadas. Atomizadas al extremo alrededor de cada receptor de televisión, pero extendidas al mismo tiempo a la dimensión exacta de las ciudades.

Si el urbanismo unitario designa, como queremos, una hipótesis de utilización de los medios de la humanidad actual para construir libremente su vida, comenzando por el entorno urbano, es totalmente vano aceptar la discusión con los que nos preguntan gasta qué punto es realizable, concreto, práctico o inscrito en el hormigón, por la simple razón de que no existe, en ninguna parte, ninguna teoría ni práctica concernientes a la creación de las ciudades, o de las conductas que están ligadas a ellas. Nadie hace “urbanismo”, en el sentido de la construcción del medio reivindicado por esta doctrina. Sólo existe un conjunto de técnicas de integración de la gente (técnicas que resuelven, efectivamente, conflictos, creando otros, actualmente menos conocidos por más graves). Estas técnicas están manejadas inocentemente por imbéciles, o deliberadamente por policías. Y todo los discursos sobre el urbanismo son mentiras tan evidentes que el espacio organizado por el urbanismo, es el espacio de la mentira social y de la explotación fortificada. Los que disertan sobre los poderes del urbanismo intentan hacer olvidar que no hacen nada más que el urbanismo del poder. Los urbanistas, que se presentan como los educadores de la población, han debido ser educados a su vez por ese mundo de la alienación que reproducen y perfeccionan lo mejor posible.

En la verborrea de los urbanistas, la noción de centro de atracción es lo contrario en la realidad, exactamente igual que la noción sociológica de participación. Es que son disciplinas que se acomodan a una sociedad en la que la participación sólo puede orientarse hacia “algo donde es imposible participar” (punto 2 del programa elemental); sociedad que debe imponer la necesidad de objetos poco atractivos, y no podría tolerar la atracción auténtica bajo ninguna de sus formas. Para comprender lo que la sociología no comprende nunca, basta considerar en términos de agresividad lo que para la sociología es neutro.

Internationale Situationniste nº6, 1962

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