miércoles, 17 de marzo de 2010

Amos Rapoport: ¿Quién da el significado en arquitectura? parte 2

Las implicaciones de todo ello, los indicios de una reacción profesional en este sentido, así como una consideración de lo que esto puede decirnos sobre el significado de los edificios, en relación con las personas que los utilizan, constituirán los temas a tratar en el resto de este artículo. Las preguntas que precisan una respuesta son: ¿Cuáles son las alternativas ¿ ¿Existe alguna manera de conseguir que los edificios tengan un significado para las peronas que los habitan: el significado que ellas querrían que tuvier? ¿Podemos permitir que los edificios tengan más de un significado, y que éste sea variable? Podría parecer que todas estas cuestiones ser reducen a la planteada al comienzo: la cuestión del superdiseño frente al subdiseño, del público como consumidor frente al público como partícipe.

Una sutil descripción de este edificio –y el edificio mismo en sí- demuestra que es una forma extrema de lo que algunos arquitectos han tendido a hacer siempre. Han pretendido superdiseñar, a fin de proporcionar a las personas un ambiente completo, totalmente controlado –en el cual aquéllas tuviese prohibido, de hecho, introducir algo de sí mismas-, y se demuestra también en este caso la reacción del público, de la cual generalmente no nos percatamos. A mi juicio, la razón de que haya existido este temor a que se introduzca algo se debe a que destruiría el ambiente diseñado porque es inestable.



Si un edificio está completamente acabado y determinado, no puede servir de marco dentro del cual la gente se siente en condiciones de crear sus propios significados, los cuales, además, pueden ser variables. Puesto que todo significado supone comunicación, ésta implica una limitación de lenguaje, por lo cual un edificio acabado no puede admitir cualquier otro significado introducido por los ocupantes. Si proporcionamos a las personas una estructura inacabada, ellas la completarán y al hacerlo introducirán su propio significado.

Con respecto a la personalización existen pruebas de intentos casi desesperados por parte de la gente para llevarla a cabo. En Chandigarh hallamos, efectivamente, una serie de “alteraciones” en viviendas que se dieron inacabadas a los inquilinos, para que éstos las construyesen. En las residencias de la Universidad de California encontramos casi todas las ventanas con inscripciones, la mayoría de ellas relacionadas con cierto intento de personalizar el cubículo. En Blanckheath Council State, Vanbrugh Park, Londres, los arquitectos quedaron “sorprendidos” al encontrar a inquilinos haciendo rayas en las estructuras de hormigón de los jardines con tizas de colores. Julian Beinard observa este afán en los poblados occidentales nativos en África del Sur, al tiempo que también uno de mis alumnos, Ned Long, encontraba pruebas semejantes en una serie de comarcas, y verificaba algunos estudios prácticos en urbanizaciones de Los Ángeles. Los cambios efectuados en las agrupaciones de viviendas de Levittown y en otras partes han sido mencionados también en algunas ocasiones.

Descubrimos que se han hecho esfuerzos casi desesperados para personalizar edificios, para completarlos de una manera personal, otorgándoles un significado. En cierto sentido, ésta es la diferencia entre afincarse en un lugar y permanecer desarraigado de él. Si esto es cierto a la escala de un edificio, todavía lo es más en los que respecta a la ciudad.



Un artículo publicado recientemente que recoge algo de esto es el de Robert Sommer. Afirma que, a menos que la gente pueda alterar el medio ambiente, se siente extraña: permanece desprovista de significado, según mis términos, y añade que esta personalización necesita ser territorializable, y que, desde luego, todos sienten la necesidad de comprobar que han colaborado en la configuración de su medio ambiente; por ello recalca la urgencia de una investigación en este campo.

Afirmaría que esta necesidad de la gente de dar su significado a los edificios es lo que los arquitectos han olvidado, a favor de su propio significado, y urgiría que considerásemos cómo pueden ser llevados a la práctica este anhelo y esta necesidad del mejor modo posible.


Amos Rapoport, ¿Quién da el significado en arquitectura?
extraído de Xvier Sust, La significación del entorno, pág 28

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada